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La Redoblona es la Murga de FM La tribu 88.7    

 

 

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FM LA TRIBU 88.7

Por Gustavo Laborde, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Montevideo, Uruguay.

Si Brasil se precia de tener el Carnaval más famoso y elegante del mundo, Uruguay se jacta de tener el más largo. El carnaval uruguayo empieza antes que en todo el mundo, entre la última semana de enero y la primera de febrero, y termina mucho después, en los primeros días de marzo. Por esa y por varias otras razones el carnaval uruguayo está considerado único en el mundo.

En Uruguay, el inicio de la fiesta está marcado por el desfile o corso inaugural que se realiza por 18 de julio, la principal avenida de Montevideo. A lo largo de dos kilómetros, más de tres mil artistas desfilan frente a varias decenas de miles de espectadores que los siguen desde la vereda y para varios cientos de miles que lo hacen a través de los televisores de sus casas.

El corso está integrado por las agrupaciones carnavaleras típicas del Uruguay como las murgas, los negros lubolos, los parodistas, los humoristas y las mascaradas musicales, además de los carros alegóricos que transportan a las reinas del Carnaval, que van seguidos de un séquito de un centenar de cabezudos (unas cabezas de dos metros de altura hechas de papel prensado y pintadas con llamativos colores). Este desfile es sólo el comienzo. Pocos días después, por las calles de los tradicionales barrios Sur y Palermo, tiene lugar el desfile de Las Llamadas, la fiesta máxima de la colectividad negra del Uruguay. Allí, unos dos mil artistas, que no son sólo negros, recrean una fiesta con raíces africanas que se viene haciendo desde la época de la colonia, en el siglo XIX.

El carnaval uruguayo se distingue del carnaval brasileño y del andino porque reúne la tradición hispánica de las murgas con la africana de los lubolos y porque, luego de desfilar en las calles, se traslada a los escenarios de los barrios, en donde se instala durante más de un mes. Las agrupaciones carnavaleras también participan de un concurso oficial, auspiciado por las propias agrupaciones y apoyado por la intendencia municipal de la ciudad, en un anfiteatro abierto en el estilo de la Grecia clásica llamado Teatro de Verano. Los ganadores del concurso, que se extiende hasta el mes de marzo, obtienen importantes premios que pueden alcanzar los 35 mil dólares.

Las dos agrupaciones carnavaleras más características del Uruguay son las murgas y los lubolos. La murga hunde sus raíces históricas en la tradición española. En un principio, la murga era una agrupación de músicos frustrados que entonaban -bastante desafinados, por cierto- canciones picarescas. Los historiadores señalan a la murga La gaditana, surgida en 1917, como la primer murga uruguaya. Actualmente, estas agrupaciones tienen características muy diferentes. La murga está integrada por unos 30 cantantes y tres percusionistas: un bombo, un platillo y un redoblante, los únicos instrumentos permitidos en la murga, los cuales no tienen notas. El tono para afinar lo da, con su voz, el director del conjunto, de quien se presume, tiene un oído privilegiado. Hace ya muchos años que estos conjuntos se han profesionalizado y están integrados también por músicos notables, algunos de los cuales son cantantes líricos. La murga se junta hacia fines de diciembre para empezar a preparar sus repertorio, el cual consta de: Presentación, Cuplé (una especie de pequeña pieza teatral cantada) y Retirada. Las murgas -llamadas, por ejemplo, Los patos cabreros, Araca la cana, Falta y resto, La reina de la teja, Asaltantes con patente- tienen dos características bien definidas. Una es que en sus textos los autores repasan los acontecimientos más memorables del año; la otra es que se sirven de las músicas que más se escucharon durante el año, las cuales llevan a "tiempo de murga" un estilo bastante difícil de definir que usa mucho la armonización vocal y la oscilación del tempo rítmico. El repertorio murguero de 1999, para dar una idea, está marcado por temas como el fin de siglo, la corrupción y la política, y lo habitan personajes que son ridiculizados sin piedad, de la talla de Augusto Pinochet, Monica Lewinsky y Bill Clinton, sin olvidar a políticos, futbolistas y personajes locales. Además de la murgas, hay otras agrupaciones como los parodistas y los humoristas, todas musicales, que se distinguen de la murga por el uso de varios instrumentos y porque sus actuaciones están más apoyadas en el baile coreográfico, en el teatro y en fastuosos vestuarios. El numerosísimo público que sigue a estos conjuntos espera todo el año para saber qué canciones y qué temas van a ironizar las murgas, los humoristas y los parodistas.

Los espectáculos de estos conjuntos tienen un elevado costo de producción que va de los 15 a los 30 mil dólares. Las agrupaciones actúan durante un mes en decenas de escenarios populares de Montevideo, llamados tablados y no son pocos los que llevan sus actuaciones a países tan lejanos como Australia, Canadá o España, para que la colectividad de uruguayos allí afincada siga teniendo contacto con las tradiciones de su país.

Tradición hispánica y africana

A esta manifestación carnavalera, de tradición hispánica, se suma la de raíz africana. El desfile de llamadas se realiza por los barrios donde tradicionalmente habitan más negros, como son Sur y Palermo que, como dice una canción, son "rivales y hermanos". Estos dos barrios tenían hasta hace unas décadas los llamados conventillos, una suerte de edificios gigantes en el que convivían decenas de humildes familias. Uruguay, cuya población de tres millones de personas, es mayoritariamente europea; fue el primer país de América en abolir la esclavitud y nuca tuvo problemas raciales. Sin embargo, algunos antropólogos señalan que al destruir los conventillos lo que se hizo fue "blanquear" a los negros, es decir, asimilarlos a la cultura dominante blanca y europea. De todas formas, el desfile de Llamadas, y pese a que en él participan muchos blancos, es una fiesta típica de los negros. Una agrupación lubola está integrada por medio centenar de tamborileros, una pareja de jóvenes que se disfraza de viejos y hacen al "gramillero" y a la "mama vieja", que realizan un baile agotador que les exige difíciles contorsiones, varios portaestandartes, algunos escobilleros y dos o tres vedettes que bailan al compás de la música. En este corso desfilan varias comparsas que hacen estremecer con su estruendo al numerosísimo público que las presencia. Los tamboriles hacen el típico ritmo uruguayo llamado candombe. Este ritmo, que se supone proviene de la región africana del Bantú, pero que se consolidó en Uruguay, es un 6 X 8 que se ejecuta con tres tipos de tambores: chico, repique y piano. Los tambores se hacen de madera y lonja de cuero de vaca y se tocan con las manos y palillos. El candombe desde hace tiempo traspasó las fronteras exclusivas del carnaval y fue ganando espacio en la música popular. El candombe tiene ahora cultores de la talla de Rubén Rada y los hermanos Hugo y Osvaldo Fattoruso, músicos que lo transportaron a todo el mundo y lo mezclaron con el jazz y con el rock, llevándolo así a su máxima expresión musical. Durante el desfile, los músicos son acompañados por otros artistas que se esfuerzan en portar pesadísimos estandartes. Es llamativo ver que entre los "trofeos" que cargan haya estrellas y media lunas, símbolos tradicionales de la religión islámica, la que se supone que llegó a Uruguay a través de algunos esclavos traídos del norte y este de África, donde se practica esa religión.

El carnaval uruguayo se distingue de los demás, entonces, no sólo por su duración sino porque es realizado, a su vez, no sólo en la calle, sino en escenarios (es decir, es teatralizado). Durante todo el mes funcionan en Montevideo decenas de tablados que generan numerosas fuentes laborales ya sea para los carnavaleros -que pueden llegar a hacer diez actuaciones en un misma noche- como para aquellos que están en el entorno. Los tablados más populares llegan a vender más de dos mil entradas todas las noches y ofrecen una programación de más o menos 10 conjuntos. Según cifras oficiales, el carnaval en Montevideo mueve más de dos millones de dólares en tan sólo un mes. La creciente profesionalización del carnaval ha sido duramente criticada por viejos carnavaleros, antropólogos y musicólogos que entienden que la fiesta ha perdido el carácter lúdico de antaño para transformarse en un mero negocio. Los artistas que trabajan en carnaval, muchos de los cuáles se desempeñan durante el resto del año en otras tareas que no están relacionadas con el arte, ganan dinero con las actuaciones en los tablados y aspiran a ganar el premio oficial. Al final de febrero, en el Teatro de Verano, un jurado especializado otorga premios a los mejores en cada una de las categorías y a las estrellas individuales. Esos premios, que se forman con la venta de entradas al Teatro de Verano, sirven para solventar los costosos vestuarios de las agrupaciones y el resto se reparte entre los integrantes de las agrupaciones que van desde los maquilladores, pasando por los músicos, vestuaristas y terminan en el conductor del camión que los transporta.

El Carnaval se ha profesionalizado tanto que, al finalizar la zafra, los dueños de los conjuntos, como en el fútbol, comienzan a gestionar costos fichajes. Un letrista de murga se puede cotizar en tres mil dólares, y una primera voz, dos mil. Pero, pese a los purismos de muchos que lo prefieren amateur, el Carnaval es la fiesta más popular de los uruguayos. OEI.